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Vivir, trabajar con quienes no creen igual que tu es difícil. No importa cuántas veces trates de compartir tu experiencia de lo que Dios ha hecho en tu vida, a la gente a tu alrededor le es más fácil reírse o dudar que creer. ¿No te ha pasado esto? ¿No???  Pero…  ¿No has visto a Dios en tu vida? ¿Lo has invitado? Ok, tenemos que hablar….

Déjame contarte la historia de Jairo. Jairo, un hombre importante, era el jefe de la sinagoga, el comentario Bíblico nos dice que este era un puesto de mucho prestigio y por lo tanto Jairo era un hombre estimado y respetado (cosa que a todos nos gusta, ¿no es cierto?).  Sus ropas de lujo, su posición, no le fueron impedimento para llegar donde Jesús y literalmente tirarse a sus pies. “Mi hijita se está muriendo, ven pon tus manos sobre ella para que sane y viva” (Marcos 5:22-23).  Trato de imaginar ese cuadro y se me rompe el alma. Cualquier padre haría hasta lo imposible por no ver sufrir a su hijo, y Jairo es el mejor ejemplo; no hay posición social, no hay dinero, ni respeto que valga cuando un hijo está enfermo, y en este caso, al borde de la muerte.

Jesús no pone peros, no pide más información, El simplemente lo sigue. Detrás de ellos viene una gran multitud, y Jesús sabiendo esto, le pide a tres de sus discípulos que le acompañen. No bien habían caminado unos pasos (y curado a una mujer con flujo en el camino) cuando un hombre, quizás amigo de la familia de Jairo, llega donde ellos y les dice “Tu hija ha muerto… ¿para qué sigues molestando al maestro?”  Esta frase me rasga el corazón. Este pareciera ser alguien de confianza, porque un cualquiera, un sirviente no le hubiera sido tan directo al “jefe de la sinagoga”. El hombre habla como si no entendiera porque Jairo no se ha dado por vencido.  Ante este mensaje Jesús pudo haber abrazado a Jairo, pudo haberle dicho “bueno, trataste y eso es lo que importa. Ella ahora descansa.”

Pero no fue así ¡No!  Jesús, quien fue invitado por Jairo para traer la solución a este gran problema que le agobiaba, toma control de la situación, y sin hacer caso de la noticia le dico a Jairo “No tengas miedo, cree nada mas.”  Ahora van caminando más rápido, ahora Jesús va paso a paso con Jairo y al llegar a la casa se percata de la cantidad de gente llorando y gritando “¿Por qué tanto alboroto? La niña no está muerta sino dormida.” (v. 39) Jesús los mira con tristeza “¿Acaso no tienen fe? ¿No escucharon ustedes que Jairo fue a buscarme?  Pero la gente no está pensando en esto y  reacciona burlándose de Él. Jesús entonces los “sacó a todos”, fíjate que no les pidió que se fueran, ¡los sacó! Entonces, invitó a Jairo y a su esposa y a sus tres discípulos a presenciar lo que los demás no estaban listos para ver, un grandioso milagro.

“Talita cum” que significa “Niña, a ti te digo, levántate” Dos simples palabras… un gran milagro.

¿Qué ha hecho Dios en tu vida?

La receta para experimentar a Dios está escrita aquí, en el sufrimiento de Jairo.

Preséntate ante la presencia de Dios… – Jairo vino a El

De Forma humilde, dejando atrás lo que crees que eres – Jairo se tiró a sus pies sin importar su posición.

Comparte tu sufrimiento e invítalo a ser parte de la solución – “Ven..”

Y te fe en su capacidad de hacer grandes milagros – “.. y pon tus manos sobre ella para que se sane y viva.”

Jairo hizo estas cosas, y una vez lo invitó, Jesús fue. Y cuando pareciera que todos se le venían encima a Jairo, para hacerle sentir inútil, para recordarle que “así son las cosas”, “a veces estas cosas pasan”, “ya deja de molestar a la gente con tus cosas, lo que pasó, pasó”, Jesús toma control “No tengas miedo, cree nada mas.”  Ese mensaje es nuestro hoy. No importa lo que esté pasando en tu vida, El nos recuerda que no debemos tener miedo, solo tenemos que creer. Recuerda, El removió del medio a aquellos que se burlaron, a aquellos que no estaban listos para algo grande. Y entonces, en un cuarto lleno de muerte, con el sonido del llanto de unos padres destrozados, y ante la mirada de tres amigos de corazón humilde, Jesús hizo lo imposible. Invítalo…

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Me bautice a los 9 años y ante un momento tan especial en mi vida, mi madre, el pastor y los maestros de la iglesia se dieron a la tarea de darme una lista de las cosas que ahora tenía que hacer para agradar a Dios. Cuando fui a graduarme, los profesores, consejeros y los directores nos dieron una lista de las expectativas que Dios tenia para nosotros como jóvenes y futuros líderes del mundo. Una lista para ser feliz en mi matrimonio, una lista cuando fui a tener a mi hija, una lista diferente cuando nació mi hijo, una lista… para agradar al jefe, una lista para ser feliz, una lista para… ¿todo?

En el capítulo 18 del libro de Lucas, se nos describe el encuentro de un joven rico que fue a ver a Jesús “Maestro bueno, dime qué cosa debo hacer para tener la vida eterna?” Jesús no va con rodeos y le presenta la lista de las cosas que el joven debía hacer “tú conoces bien los mandamientos: no seas infiel en el matrimonio, no mates, no robes, no mientas, obedece y cuida a tus padres.”

“¡He obedecido todos estos mandamientos desde que era un niño!” contestó el joven. Puedo imaginarlo con el pecho inflado, lleno de orgullo; ¡lo había hecho todo!  Pero, ¿Sabía Jesús eso? ¿Sabía Jesús que el joven había sido criado en los valores cristianos? ¿Sabía que había guardado cada cosa en la lista? ¡Claro que sí! Si reconocemos que Jesús es omnipresente, entonces sabemos no solo que Jesús sabía estas cosas sino que había sido testigo de cada una de ellas.

Jesús lo mira y le responde “Entonces solo te falta una cosa, vende lo que tienes, dale ese dinero a los pobres y Dios te recompensará en el cielo. Luego ven y sígueme.”

La Biblia nos relata como el joven se retira de la presencia de Jesús muy triste porque era muy rico. ¿Rico en dinero? El joven era rico en dinero pero también era rico en percepciones erróneas de lo que ser salvo significa. El mismo Jesús lo corrige al principio “¿porque me llamas bueno? Solo Dios es bueno.” En otras palabras, “me conoces tu para saber si Soy bueno o no? ¿Sabes quién soy?” No, el joven no sabía quién tenía delante de él, porque si en verdad lo hubiera conocido, allí mismo lo hubiera dejado todo.

En mi opinión, el; joven rico se había estado preparando para esa entrevista por años. Desde niño le dieron la lista de las cosas que tenía que hacer para ser salvo y para él fue más importante seguir la lista para agradar a Dios que conocer al Dios que creó la lista.

Hoy día nuestra lista es mucho más extensa. Cada uno de nosotros le ha añadido a la lista original nuestra propia interpretación de los principios y concejos que da la Biblia, mas unas cuantas tradiciones aprendidas de nuestros padres que hemos puesto al mismo nivel que la lista original de 10.  Más allá de esto, hemos aprendido a juzgar a los demás basados en nuestra larga lista y sintiéndonos satisfechos con ese sentimiento de superioridad (porque mi lista es más larga y por ende mejor que la tuya) pasamos nuestras listas a las futuras generaciones.

Este es mi miedo constante: No quiero vivir mi vida siguiendo la lista que me fue pasada por mis padres y perderme de las maravillas y los milagros que Dios pone frente a mí en forma de otras personas y experiencias que no concuerdan con mi lista. Quiero seguirlo a Él y a su lista original, es que El lo hizo tan simple resumiendo los 10 en dos: Ama a Dios con TODO tu corazón y a tu Prójimo como a ti mismo. Hay que empezar una nueva lista; Amar a Dios, Amar su Ley, Amar su dominio sobre mí, Amar su descanso, Amar a mis padres, Amar a mi familia, Amar a mis amigos, Amar al vecino que no me cae bien, Amar al que me ha herido, Amar a quien no me ama… Amar… esta debiera ser mi lista.

Necesito un borrador.

¿Cuántas personas conoces, que dicen ser cristianas pero tú sabes que no es verdad? Los ves en la iglesia participando, ayudando y hasta predicando y te preguntas ¿porque lo invitan a predicar? ¿Por qué darle tanta participación? ¡Si esta persona todavía le falta tanto por aprender!

David quizás tenía unos 17 años cuando sucedió la famosa historia que todos conocemos. Su padre lo envió al valle donde la batalla entre los Filisteos y los Israelitas tomaba lugar. La verdad es que David era muy joven, y como tal estaba lleno de entusiasmo. Así son los jóvenes; no solo están dispuestos a tomar retos, ellos viven buscando la oportunidad de encontrarlos. David nos muestra que, aunque él fue enviado con instrucciones precisas, más que querer llevarle comida a sus hermanos y ver como estaban, el quería ver la batalla de cerca. Y se acercó, lo suficiente como para escuchar a Goliat retar a cualquiera que tuviera el coraje de pelear con él.

Adolescente al fin, comienza a hacer preguntas y parece que no quiere callarse hasta que alguien le conteste. ¿Van a dejar que hable así de Dios?  ¿Quién va a ir primero?  Es probable que David ni siquiera haya pensado en ir a pelear primero, quizás en su mente pensaba, “yo puedo ser uno de ellos, quizás el tercero o el cuarto.”  Me imagino que no habrá faltado uno que le dijera a los hermanos de David “Ese hermanito tuyo sí que tiene una boca grande!” La Biblia nos muestra como su hermano mayor va a pedirle cuentas y hasta a darle a entender que tenía que regresar a su casa ¡ya! Pero, otra vez, adolescente al fin, David le contesta “¿Y ahora que hice? ¡Solo preguntaba!” (1 Samuel 17:29) Tan grande fue la bocota de David que sus palabras llegaron hasta el Rey Saúl.

Ahora Saúl tenía frente a él a este jovencito. Ya lo conocía, David tocaba el arpa para aliviar el tormento al que Dios había expuesto a Saúl (1 Samuel 16:14-23). Pero eso era allá en el palacio. Aquí en el campo de batalla no había necesidad de música. Quizás al verlo pensó “y a ti ¿quién te invitó?” Quizás trató de convencerlo de la realidad “Yo entiendo que tú quieras hacer esto pero mírate, eres apenas un niño, déja que los hombres nos encarguemos.” Pero David insistía, explicándole al Rey como él había ya matado leones y osos, y como él entendía que así como lo libró de las garras de feroces animales, asi también lo libraría de Goliat (1 Samuel 17:34-37.)

Saúl, que no tenía nada que perder busca su armadura y le pide a David que se la ponga, como queriéndole mostrar “Mira, así es la armadura de un hombre, así es como un hombre de verdad pelea, protegido.” Le dio su espada y con todo puesto David se dio cuenta que eso no era para él. El pastorcito no pensó en que podía estar ofendiendo al Rey, no pensó en lo que los demás dirían sobre su decisión. Simplemente se quitó todo, TODO lo que el rey le había dado para protegerse, tomó su bastón (de pastor) y fue a buscar 5 piedras lisas al arroyo.

Me pregunto que habrá sucedido en el campamento mientras David se acercaba al gigante. ¿Cuántas personas habrán dado su espalda y habrán salido del campamento, alejándose lo más posible de la escena, no solo por la vergüenza sino porque ya ellos imaginaban lo que iba a suceder. Me pregunto si el Rey Saúl quedó atrás, pensando “pobre músico ignorante, le dije lo que tenía que hacer pero no me hizo caso. Si lo mata al menos yo tengo mi conciencia tranquila…”  Me pregunto… ¿Dónde estaban sus hermanos? ¿Dónde hubiera estado yo?

Una membrecía de 30 años en la iglesia, no se traduce en Cristianismo. Cultos diarios, música sacra y vestimenta pulcra no necesariamente se traducen en una cercanía al corazón de Dios. Pero en nuestros libros, esas características son exactamente lo que queremos imitar para demostrar que somos genuinamente cristianos. Es tanta la influencia de las tradiciones en nuestras vidas que llegamos hasta sentir que es Dios quien nos mueve a actuar de esta forma.  La historia de David y Goliat es mucho más que una motivación para que nuestros niños y adolescentes sientan que pueden hacer grandes cosas sin importar cuán pequeños sean.

La historia nos muestra que el Cristianismo no es una camisa de esas de “one size fits all.”  La historia nos grita que, cuando llegamos a juzgar a otros por no vivir el Cristianismo de la misma forma en que lo vivimos nosotros, en ese momento caemos en el hoyo oscuro de las tradiciones. Y esa oscuridad cierra nuestros ojos, perdiendo así la oportunidad de ver las grandes maravillas que Dios está haciendo con aquellos que son pequeños, con aquellos que no cumplen con nuestras expectativas pero que ante Sus Ojos, son perfectos. Cuando vemos a quienes predican diferente a nosotros, cuando escuchamos tópicos que no son nuestros favoritos, siendo predicados por estas personas a las que ya les hemos puesto “etiquetas”, y los ignoramos, no somos en nada diferentes al Rey Saúl, tratando de ponerle su armadura a un muchacho que dice atreverse a hacer lo que tú, por tus tradiciones no has podido; Pelear con un gigante. No somos en nada diferentes a quienes corrieron a esconderse cuando vieron al muchachito caminar hacia el gigante. Somos el hermano mayor de David, que le reclama por haberse atrevido a acercarse al campo de batalla, uno donde solo el cristiano preparado y estudiado puede triunfar.

No solo David ganó la batalla, sino que después de este incidente fue a vivir oficialmente en el palacio del Rey. David atraía a la gente hacia él con su entusiasmo y con su habilidad para inspirar a otros. Y su relación con Dios era tan diferente a la de Saúl, pero tan efectiva, que llegó a provocar celos en el Rey.  No era que Saúl no pudiera ver como Dios usaba a David, es que Saúl NO QUERIA ver. ¿No será que nos sucede lo mismo? Que vemos a esos jóvenes hablar, vemos como están siendo efectivos para otras personas pero como no son como nosotros, preferimos pensar que todavía Dios no los está usando como nos usa a nosotros. En el Salmo 32, David muestra una sensibilidad para la voz de Dios y una voluntad única para entregar sus debilidades y sus fuerzas al control de su Creador. Con un Cristianismo diferente, cometiendo tantos errores, David es conocido como el hombre que vivía buscando el corazón de Dios. Es por eso que David es mencionado en el nuevo testamento unas 58 veces, incluyendo el titulo dado a Jesús, “Hijo de David.”  Y para haber comenzado como un jovencito rebelde…

No vivas el Cristianismo de los demás… busca el corazón de Dios, y El te pondrá sobre gigantes.

… en paz!

Posted: November 18, 2010 in Exhorta Youth

Hace exactamente un año atrás, el domingo antes de Thanksgiving en la noche, estaba sentada en el Aeropuerto Ronald Regan National en Washington, DC. Había estado presentando seminarios todo el fin de semana y estaba muy cansada. El aeropuerto estaba repleto, digno de la época y mi vuelo no saldría sino hasta en tres horas (sí, llegué temprano!) Como no habían sillas disponibles, me senté en el piso. No había lugar para conectar la computadora, el teléfono estaba actuando “funny” así que… así que me dediqué a analizar a la gente a mi alrededor.

Una joven se sentó frente a mi y casi de inmediato se quedo dormida, dos señoras a mi lado hablaban de sus planes de Thanksgiving y como cada una de ellas iría a visitar a su familia desde el miércoles. La una le contaba a la otra todo lo que tenia planificado decirle a la esposa de un primo, que ya nadie en la familia tolera. La otra le decía que ella a quien no toleraba más era a su esposo. Otra señora, a quien había visto caminar tras de mi en el terminal, se sentó cerca de mi y por teléfono le contaba a una amiga como estaba huyendo de su marido, quien al parecer le fue infiel con alguien que tiene 3 hijos de diferentes padres. La mujer estaba devastada, y cuando le tocó describir su conversación con la llamada “tipa esa”, de 5 palabras, ella saco unas 4 que no puedo decir aquí.

Todo el mundo reaccionando a sus problemas de forma violenta, con un nivel de rencor mas allá de lo imaginable. Traté por un segundo de ponerme en el lugar de las mujeres discutiendo sobre lo que le dirían a los familiares, a quienes ya no aprecian… y no pude relacionarme con ellas; la verdad es que no estaba esperando pasar los días festivos peleando con nadie y mucho menos con mi familia. Entonces traté de ponerme en el lugar de la pobre mujer que huía de su marido y no pude relacionarme con ella porque donde ella veía desgracia… yo veía una oportunidad. Finalmente miré a la chica frente a mi. Ella, aun después de todo lo que pasaba, estaba durmiendo. Durmiendo! Con tanto ruido, durmiendo! Con tanto chisme, durmiendo!

Aunque me vi tentada a tocarla para estar segura que estaba viva todavía, no lo hice. Tan solo me le quedé viendo fijamente, a ver si “el poder de mi mente” la podía despertar. Pero no funcionó. Me pregunté si era que estaba tan cansada de su propia novela que ya no resistía a escuchar la de alguien mas. O mejor aun, si quizás estaba tan tranquila porque, a pesar de todo lo que le pudiera estar pasando ella, sabiendo que no tenia el poder de cambiar las circunstancias, estaba en paz. En paz!

Me pregunto que hubiera hecho José durante las horas que estuvo dentro del pozo. Habrá tramado algún plan para vengarse de sus hermanos? (como la mujer del marido infiel) Habrá escrito en su mente una lista de palabrotas para recitárselas a sus hermanos? (como la otra señora en el aeropuerto) Habrá practicado una actitud corporal para demostrarle a todos cuan fuerte era ahora que había pasado por semejante prueba? O si simplemente, habrá descansado… aun con miedo, pero confiado en que Dios tenia un plan.

Cuando leo que José fue vendido y llevado a Egipto como esclavo, me estremezco porque…

 

– El titulo del tema completo es “Y El se levanto”.

Walking Slowly… Moving Fast!

Posted: November 9, 2010 in Exhorta Youth

Mrs Velez, you are moving really slow….

 Actually, I wasn’t. I was moving relatively fast. I was late!  However, once I heard her comment I actually went back to where she was and looked at her. She was not looking at me. She couldn’t. At that point there was no doubt. This girl was under the influence and there was nothing I could do about it.

 If I tell you this is the first student I have in class who is under the influence I would be lying. I have seen them talking fast and loud during my first hour and then snoozing in my 5th hour. I have seen the buyers sleeping in class while the sellers just talk in codes offering more “services,” “dreams,” “whishes,” and “chocolates”. Am I the only educator who deals with drugs at school?

 Not according to a new national survey that published that the number of students attending US schools where drugs are present has jumped 41 percent for high school students and 47 percent for middle school students since 2002. According to the US Department of Health & Human Services, 11.8 percent of 8th graders, 26.7 percent of 10th graders and 32.8 percent of 12th graders have used Marijuana.

 I still remember talking to these parents who came to me in tears because they had just found out their son was not only using but also selling marijuana at school…

This story is part of a seminar called “Walking Slowly… Moving Fast!”